Mantenimiento del césped: retirar restos de la siega

Césped, Mantenimiento de césped No Comments »

El mantenimiento de césped es el trabajo de jardín en el que invierto más tiempo, esfuerzo y dinero. Como ya he mencionado, cuando empecé a cuidarlo no tenía mucha idea de las tareas que requería un césped bonito, a parte de la siega, riego y abonado, y de todo lo que esto iba a suponer. Lo poco que sabía lo aprendí viendo a mi marido cuidarlo. Le vi cortar el césped con regularidad y estar pendiente de la necesidad de agua–allí no teníamos necesidad de riego automático pues llovía con frecuencia. También era consciente del contrato que teníamos con una empresa que venia 4 veces al año a abonarlo y tratarlo para que no aparecieran malas hierbas ni enfermedades.

Estos eran mis conocimientos y esas eran las tareas que me propuse hacer con regularidad: cortar el césped, regarlo y abonarlo. Me propuse y lo cumplí, y aun así mi césped con el tiempo adquirió un aspecto pobre y deteriorado. El musgo se apoderó de buena parte y aparecían manchas amarillas que acaban dejando calvas. Hace año y medio me propuse recuperar mi césped, que volviera a ser el césped tupido, verde y sano que me dejó Rick.

La mejora ha sido notable, pero ha sido mucho trabajo y más de una vez he pensado abandonar la lucha. Ha sido una inversión tremenda de esfuerzo, tiempo y dinero—no sé si hubiera sido menos costoso quitarlo y poner nuevo césped en tepes. Quizás hubiese sido mejor, menos trabajo y la mejora hubiese sido instantánea.

Pero decidí no poner nuevo césped en tepes y asumí nuevos trabajos de mantenimiento. El último de los trabajos que he incorporado al repertorio es la limpieza profunda del césped, es decir la retirada del césped de los restos que quedan al cortarlo y de otros desperdicios que se van acumulando poco a poco y que forman una capa que se llama fieltro y que dificulta el crecimiento del césped. Hago esto una vez al mes para lo que uso un rastrillo regulable. Buscando información sobre este tipo de trabajo he descubierto dos nuevos trabajos que tengo que hacer y que todavía no he probado. Son el aireado y el escarificado.

Trasplante de árboles y arbustos ornamentales

Arbustos, Césped, Mantenimiento de jardín, Árboles No Comments »

Me podía peguntar por qué trasplanté tantos árboles y plantas. ¿Qué me llevó a semejante trabajo y a asumir el riesgo que las plantas no sobrevivieran al cambio? La respuesta tiene tres aspectos fundamentales: el bien de las plantas, el aspecto o diseño total de mi jardín y el daño que alguno de los árboles trasplantados estaba causando al césped. Trataré cada uno de estos aspectos en otro momento. Hoy quiero dedicarme al tema del trasplante y lo que yo he aprendido al hacerlo.

Puedo decir que tengo experiencia con el trasplante de varios árboles, plátano, acacia, magnolio, pruno y los arbustos cotoneaster, celinda, rosal y durillo. El primer árbol que moví fue el plátano (con ayuda claro, pues el cepellón podía pesar más de 100 kilos). Este árbol ya tenía problemas antes del cambio. En el vivero me dijeron que probablemente las raíces se estaban pudriendo por tener demasiada agua, pues estaba plantado entre el césped y tenía su propio goteo además de recibir el agua de los aspersores que regaban el césped.

Lo trasplanté en invierno y sin buscar muchos consejos. Lo saqué de la tierra donde estaba, hice un hoyo en el lugar que quería ponerlo y allí lo planté. En la primavera echó algunas hojas, pero con el mismo aspecto pobre y retorcido que tenían antes de trasplantarlo. En el otoño podé las ramas y lo dejé otro año a ver si se recuperaba. Al no ver mejora, al siguiente invierno lo arranqué y me deshice de él.

En el primer lugar del plátano había puesto una acacia preciosa. Como me habían advertido en el vivero que no la regara demasiado para que no se pudrieran las raíces hice caso a sus consejos. El resultado fue que la acacia echó raíces muy superficiales que se chupaban el agua del riego del césped. Con el tiempo empezaron a salir pequeñas acacias por doquier mientras en el césped aparecían nuevas calvas constantemente. También moví este árbol, pero esta vez a la parcela comunitaria, fuera de mi parcela y mi césped. También moví un cotoneaster porque cada bolita que caía al césped se convertía en una plantita nueva y no daba abasto quitándolas. El cotoneaster perdió todas las hojas y al año siguiente no las recuperó. Pensé que me había quedado sin él definitivamente.

Con estas experiencias decidí mover un magnolio, que también había echado raíces superficiales y me estaba deteriorando el césped y un durillo que se había hecho muy grande y no quedaba bien en donde estaba. También decidí cambiar de sitio un pruno, una celinda y algunos rosales. Antes, eso sí, busque información para ver cuando y como hacerlo.

La mejor época según la información que encontré es el invierno cuando las raíces están en reposo y así sufren menos. Los moví en enero. Para asegurarme que no tendría problemas con las raíces que buscaran el agua del riego y matan el césped, decidí poner un pruno en el lugar del magnolio. El pruno es un árbol pequeño con pocas raíces—de hecho lo trasplanté a raíz desnuda y ahora está precioso.

Antes de mover los arboles les hice una poda bastante consistente. Se supone que el cepellón no debe ser menor que la copa del árbol para que no tire demasiado de las raíces y se seque el árbol. Tuve que rebajar las copas cortando una buena cantidad de ramas. En el hoyo de plantación de puse un activador de raíces mezclándolo con la tierra sobre la que iba a instalar el árbol y asegurarme un buen enraizamiento en el nuevo sitio. También he puesto bordura alrededor del cepellón de los árboles trasplantados para que las raíces no puedan subir a la superficie y matar el césped, y goteo para que no tenga necesidad del agua del riego del césped. Hoy puedo decir con satisfacción que el resultado total ha sido bastante bueno.

Riegos y el agua del cielo

Césped, Riegos No Comments »

Para regar un jardín, no hay nada como el agua del cielo. Parece que el césped crece más alto y más denso. Las flores adquieren un color intenso, como si se les hubiera inyectado vida. Todo tiene un aspecto mucho más bonito. En esta parte de España no estamos acostumbrados a ver tanta lluvia como está cayendo últimamente, bastante durante abril, casi todo el mes de mayo y ahora en junio. Parece más un mes de otoño que de primavera. Pero no nos quejemos. Después de varios años de sequía ver caer la lluvia es una verdadera bendición.

El agua de la lluvia es tan buena que deberíamos hacer como los agricultores de antaño cuando no había agua de regadío, mirar al cielo con frecuencia para ver cuándo y cuanto va a llover. Hoy en día en vez de mirar hacia arriba, lo que haríamos es mirar en internet, las páginas con información del tiempo. Así, sabiendo de antemano que va a llover, yo movería algunas macetas que ahora está, bajo alguna especie de techo que impide que le llegue el agua de la lluvia. También aprovecharía para cubrir esas calvas que me quedan en el césped con un poco de tierra nueva y sembrar nuevo césped con semillas de repoblado.

Aun así, con toda el agua que está cayendo, yo tengo el riego automático programado y preparado para que se ponga una vez por día, aunque está desconectado de momento, pues con tanta lluvia no hace falta. Supongo que dejará de llover pronto y si será necesario ese riego temprano por la mañana. Lo tengo programado para las 5.45 de la mañana. ¿Por qué tan temprano? Por dos razones, es mejor para las plantas y me causa menos problemas con los tubos del riego, las conexiones y los goteros.

Sólo le veo un defecto a tanta lluvia, el mismo que al riego automático cuando hay demasiada agua, y es el musgo que aparece—si ese del que yo creía ya me había deshecho. Ha vuelto a aparecer por varios sitios. Pero ese es otro tema y de él tengo mucho que hablar.

by N.Design Studio
Entries RSS Comments RSS Log in